por el momento solo hemos incorporado la letra "A"...
Música: Edmundo Rivero
Letra: Edmundo Rivero
(milonga)
En tu baraje gringo, ciudad mía,
vas perdiendo tus zarzos y tu brillo.
Tu malevaje está en la taquería
y apoliya en orsay tu conventillo.
Sos cadenera, flor sin berretines,
que currás a los cuores con tu rango;
pero el choma que aceita tus patines
es canchero y varón, se llama tango.
Mis escoberos siempre harán candado
y en mi bobo de zurda sin falsía,
aunque te dieron juego marquillado
pa’ mí vos valés más que una María.
Yo seguiré scruchando en tu lunfardo
sin monseñor, jirafa, ni bandera.
Y mi vos artillera será el bardo
que te cante la rima más canera.
Cuando llegue al final, si la de blanco
me lleva con el cura antes que al hoyo,
que el responso sea en lunfa, así lo manco.
Yo no aprendí el latín, de puro criollo.
Y así estarás feliz, matina y sera,
más contenta que santo en la leonera.
Música: Astor Piazzolla
Letra: Jorge Luis Borges
(milonga)
Venga un rasgueo y ahora,
con el permiso de ustedes,
le estoy cantando, señores,
a Don Nicanor Paredes.
No lo vi rígido y muerto.
Ni siquiera lo vi enfermo.
Lo veo con paso firme
pisar su feudo, Palermo.
El bigote un poco gris,
pero en los ojos el brillo,
y cerca del corazón
el bultito del cuchillo.
El cuchillo de esa muerte
de la que no le gustaba
hablar... Alguna desgracia
de cuadreras o de tabas.
(Recitado)
De atrio más bien fue caudillo,
si no me marra la cuenta,
allá por los tiempos bravos
del ochocientos noventa.
Si entre la gente de faca
se armaba algún entrevero
él lo paraba de golpe,
de un grito o con el talero.
Ahora está muerto y con él
cuánta memoria se apaga
de aquel Palermo perdido
del baldío y de la daga.
Ahora está muerto y me digo:
—¡Qué hará usted, Don Nicanor,
en un cielo sin caballos,
sin vino, retruco y flor!
Música: Aníbal Troilo
Letra: Cátulo Castillo
Fueron años de cercos y glicinas,
de la vida en orsay, del tiempo loco.
Tu frente triste de pensar la vida
tiraba madrugadas por los ojos...
Y estaba el terraplén con todo el cielo,
la esquina del zanjón, la casa azul.
Todo se fue trepando su misterio
por los repechos de tu barrio sur.
Vamos,
vení de nuevo a las doce...
Vamos
que está esperando Barquina.
Vamos...
¿No ves que Pepe esta noche,
no ves que el viejo esta noche
no va a faltar a la cita?...
Vamos...
Total al fin nada es cierto
y estás, hermano, despierto
juntito a Discepolín...
Ya punteaba la muerte su milonga,
tu voz calló el adiós que nos dolía;
de tanto andar sobrándole a las cosas
prendido en un final, falló la vida.
Yo sé que no vendrás pero, aunque cursi,
te esperará lo mismo el paredón,
y el tres y dos de la parada inútil
y el resto fraternal de nuestro amor...
Música: Domingo Federico
Letra: Homero Expósito
¡A bailar, a bailar
que la orquesta se va!
Sobre el fino garabato
de un tango nervioso y lerdo
se irá borrando el recuerdo...
¡A bailar, a bailar
que la orquesta se va!
El último tango perfuma la noche,
un tango dulce que dice adiós.
La frase callada se asoma a los labios
¡y canta el tango la despedida!
¡Vamos! ¡A bailar!
Tal vez no vuelvas a verla nunca,
y el último tango perfuma la noche
y este es el tango que dice el adiós.
¡A bailar, a bailar
que la orquesta se va!
Quedará el salón vacío
con un montón de esperanzas
que irán camino al olvido.
¡A bailar, a bailar
que la orquesta se va!
Música: Carlos Vicente Geroni Flores
Letra: Julio Navarrine
¿Me da su permiso, señor comisario?
Disculpe si vengo tan mal entrazao,
yo soy forastero y he caido al Rosario,
trayendo en los tientos un güen entripao.
Acaso usted piense que soy un matrero,
yo soy gaucho honrado a carta cabal,
no soy un borracho ni soy un cuatrero;
¡Señor comisario... yo soy criminal!...
¡Arrésteme, sargento,
y póngame cadenas!...
¡Si soy un delincuente,
que me perdone Dios!
Yo he sido un criollo güeno,
me llamo Alberto Arenas.
¡Señor... me traicionaban,
y los maté a los dos!
Mi china fue malvada,
mi amigo era un sotreta;
cuando me fui a otro pago
me basureó la infiel.
Las pruebas de la infamia
las traigo en la maleta:
¡las trenzas de mi china
y el corazón de él!
¡Párese, sargento, que no me retobo!...
Yo quiero que sepan la verdad de a mil...
La noche era oscura como boca'e lobo;
Testigo, solito, la luz de un candil.
Total, casi nada: un beso en la sombra...
Dos cuerpos cayeron, y una maldición;
y allí, comisario, si usted no se asombra,
yo encontré dos vainas para mi facón.
¡Arrésteme, sargento,
y póngame cadenas!...
¡Si soy un delincuente,
que me perdone Dios!
Música: Edgardo Donato
Letra: Carlos Lenzi
Corrientes tres cuatro ocho,
segundo piso, ascensor.
No hay porteros ni vecinos.
Adentro, cocktail y amor.
Pisito que puso Maple:
piano, estera y velador,
un telefón que contesta,
una victrola que llora
viejos tangos de mi flor
y un gato de porcelana
pa' que no maulle al amor.
Y todo a media luz,
que es un brujo el amor,
a media luz los besos,
a media luz los dos.
Y todo a media luz
crepúsculo interior.
¡Qué suave terciopelo
la media luz de amor!
Juncal doce veinticuatro
Telefoneá sin temor.
De tarde, té con masitas;
de noche, tango y cantar.
Los domingos, tés danzantes;
los lunes, desolación,
Hay de todo en la casita:
almohadones y divanes;
come en botica, cocó;
alfombras que no hacen ruido
y mesa puesta al amor.
Música: Juan Maglio
Letra: Enrique Dizeo
Cuando el suburbio dormita,
bajo la lluvia o en noche serena,
cruza como un alma en pena
las tristes calles una viejecita.
Anda vagando hasta el alba
y en las sombras se suele ocultar,
pobre mujer, camina sin cesar
llevando a cuestas todo su penar.
La gente buena de los barrios bajos,
esos humildes que saben su historia,
dicen que un día su nietecita,
la muy malita, dejó el hogar.
Y desde entonces, invierno y verano,
a medianoche la vieja,
vive con su amarga queja
sumida en la soledad.
Y así se pierde por los arrabales,
hecha una piltrafa humana,
porque en su vida tirana
no halló más que falsedad.
Como un gemido doliente,
llena de harapos, cabizbaja y mustia,
siempre se le ve silente
con todo el peso de su negra angustia.
Y maldiciendo la suerte,
que en su pecho congojas dejó,
llora su fin al ver que ya perdió
el dulce amor que de ella se olvidó.
Tal vez la nieta malvada y mezquina
hoy no se acuerde de su tierna abuela.
Sólo sabe que está dormido
el pobre nido que abandono.
Música: Carlos Gardel / José Razzano
Letra: Andrés Cepeda
(estilo)
Ven lira bella y gloriosa
no me niegues tu armonía
dame con tu melodía
una inspiración grandiosa;
tú que siempre bondadosa
fuiste con todo cantor
no le niegues un favor
a un alma abatida y triste
tengo madre y como existe
cantarle quiero mi amor.
Deja que a tu bello son
vaya mi lamento unido
y que así llegue a su oído
de mi madre esta canción;
en ella va la expresión
de mi profundo cariño
y aunque van en mal aliño
todas las frases que enlazo
a ella le dirán de paso
cuánto la amé desde niño.
¡Pobre madre! yo tal vez
culpable soy en la vida
de ese dolor sin medida
que sientes en la vejez,
y tú en cambio en mi niñez
me diste vida y calor
me besaste con amor
en la flor de mi existencia
y yo con indiferencia
sólo te he dado dolor.
Tú en tu seno me llevaste
y cuando vine a la vida
hermosa madre querida
de caricias me llenaste
amorosa me besaste
en aquella edad temprana
para contemplar mañana
llena de pena y tristeza
sobre tu hermosa cabeza
por mí la primera cana.
Perdóname madre mía
no maldigas mi existencia
dale de tu amor la esencia
a un alma triste y sombría
no me niegues tu armonía
que te pido en mi dolor
el mundo con su rigor
me ha dado tanta amargura
que sólo yo en tu ternura
espero encontrar amor.
Cesa, cesa de vibrar
lira bella y armoniosa
mi voz triste y quejumbrosa
se empieza a debilitar,
cesa si no he de regar
con mi llanto tu encordado
bondadosa me has prestado
en el mundo un gran favor
para cantarle mi amor
a aquella que el ser me ha dado.
Música: Carlos Gardel / José Razzano
Letra: Almafuerte (Palacios, Pedro)
(canción)
Con los amigos que el oro me produjo,
las horas con afán pasaba yo,
y de mi bolsa, el poderoso influjo;
todos gozaban de esplendente lujo
pero mi madre, no.
¡Pobre madre!... Yo de ella me olvidaba
cuando en brazos del vicio me dormí
un inmenso cortejo me rodeaba
de mis afectos, a nadie le faltaba,
¡pero a mi madre... Sí!...
¡Hoy moribundo en lágrimas deshecho!
Exclamo con dolor todo acabó,
al ver que gime mi angustiado pecho
todos se alejan de mi pobre lecho
¡pero mi madre... No!...
Y cerca ya del último suspiro
todos se alejan, por lo que hay en mí.
La vista en torno de mi lecho giro
en mi triste derredor a nadie miro
¡Pero a mi madre... Sí!...
Música: Alfredo Gobbi
Letra: Julio Camilloni
(milonga)
Mis manos nacieron ciegas
y acunan sus locos sueños.
No saben que no se puede
tocar con ellas el cielo.
Por eso golpearon puertas
que a mis golpes no se abrieron.
Ella ya estaba lejana
y yo fui un mendigo ciego.
Mis manos fueron dos llamas
y solas se consumieron
porque ella fue indiferente
como una estatua de hielo.
Por eso las tengo ahora
como si fueran de yeso,
dos manos desesperadas,
aferradas a un recuerdo.
¡Ay, cómo se equivocaron
las ciegas manos que tengo!
Mis manos puse en las manos
de un amigo y tuve miedo.
No fueron manos leales,
se cumplió el presentimiento.
La vez que se hicieron puño
fueron dos puños de acero
y me golpearon el rostro
por no golpear rostro ajeno.
¡Ay, cómo se equivocaron
las ciegas manos que tengo!
Soldado del infortunio
llevo un brazalete negro.
¡Se llevaron a mi madre
y ellas no la detuvieron!
Fue el error más lamentable
que mis manos cometieron...
Ayudaron a llevarla...
¡Nunca sabrán lo que han hecho!
¡Ay, cómo se equivocaron
las ciegas manos que tengo!
Música: Francisco Canaro / Luis Riccardi
Letra: Juan Andrés Caruso
Todo el mundo tiene el bien de aconsejarme
como a pibe que ha faltado a sus deberes.
Me aconsejan que debía de cuidarme
y no ven que es suicidarme renunciar a mis placeres.
Me aconsejan que no gaste, que no chupe,
que no juegue ni una ficha a la ruleta
y que guarde lo que el viejo me dejó.
Pero yo quiero el escabio y las pebetas,
¡lo demás son fantasía del poeta Campoamor!
A mí no me den consejos,
¡Denme plata, mucha plata!
Quiero derrochar la vida
gozando mi juventud.
A mí no me den consejos,
déjenme de esas macanas.
¡Qué me importa del mañana,
si hoy soy, con plata y salud,
más feliz que bataclana
que ha triunfado en su debut!
Yo conozco más de cuatro que con vento
pretendieron llevar una vida seria,
los cacharon, ahí nomás p'al casamiento,
y, a pesar de todo el vento, pasan vida de miseria.
Yo no soy un candidato p'al casorio,
y me siento muy feliz y acomodado
con los miles que de los viejos heredé.
Y oigan bien: ¡Ya me tienen muy cansado
los que dicen que algún día me voy a quedar de a pie!
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo
En mi triste evocación surge
el tiempo que se fue.
¡Cuántos años han pasado
y parece que fuera ayer!
¿Dónde está la que amé?
¿Dónde está la que olvidé?
El recuerdo me entristece
y anochece en mi corazón.
Viejo Palermo de entonces
hoy regresas a mi mente.
Cuántos amigos ausentes
como yo recordarán...
esas noches de verbena,
esas noches de alegría,
y este tango que se oía
entre copas de champán...
(Hablado) A pan y agua...
Tango que viene de lejos
a acariciar mis oídos
como un recuerdo querido
con melancólicos dejos.
Tango querido de ayer,
qué ventarrón te alejó.
Junto con ella te has ido
y hoy la trae tu evocación.
Música: Mariano Mores
Letra: Enrique Cadícamo
Gime, bandoneón,
grave y rezongón
en la nocturna verbena.
En mi corazón
tu gangoso son
hace más honda mi pena.
Con tu viruta sentimental
vas enredando mi viejo mal,
un viejo mal que me ha dejado
enamorado,
arrinconado,
y olvidado para siempre.
Sin una sola caricia
que mi tristeza mitigue
su risa mala me persigue
y me persigue,
mientras sigue
tu responso, ¡bandoneón!
A quién le puede importar
¡che bandoneón! que he sido bueno.
A quién le puede importar
el novelón del mal ajeno.
Si a ella que fue mi querer
no le importó mi abatimiento.
A quién le puede importar
¡che bandoneón! mi sufrimiento.
Suena menos gris
tango, para mí.
Sé que jamás la encontraré.
Te saldré a bailar
para disfrazar
el drama que llevo adentro.
En otros brazos me engañaré,
en otras bocas me aturdiré
aunque sus ojos y su risa
me persigan
y me sigan
y me digan que la quiero.
Iré a borrar el fantasma
de aquel amor siempre atento,
así termina este lamento
y el tormento de este cruento
sufrimiento...
¡Bandoneón !
Música: Antonio Sureda
Letra: Homero Manzi
(vals)
Hoy vuelves del recuerdo, madre mía,
envuelta en la penumbra del pasado,
trayendo la nostalgia de los días
que en horas de placer hube olvidado.
Y al ver que fue tu amor, tu amor perdido
el único cariño sin engano,
te llora más el corazón vencido
y busca en el olvido
tu palabra de perdón.
En el silencio triste
de mi fracaso,
resuenan tus canciones,
rondan tus pasos.
Y siento que retornas
pálida y buena,
para borrar las penas
de mi soledad.
Y en el milagro extraño
de ser tu niño,
revivo la presencia
de tu cariño.
Perfume de tu pelo,
luz de tus ojos,
calor de tu consuelo,
rumor de tu voz.
Vendrás, siempre, vendrás,
a consolar mi mal
cuando mi cerrazón busque luz,
cuando mi corazón te nombre más.
Y sé que volverás
la mano en bendición,
trayendo tu perdón
en un beso de paz.
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Ambrosio Río
Vine al pie de tu vieja ventana, mi bien,
a ofrecerte, mi vida este canto de amor,
porque quiero que sepas que te amo, mi edén
y te siento latir en mi fiel corazón.
Yo quisiera, mujer, que comprendas
el cariño tan leal que te tengo
que me paso las horas pensando
y es esa la causa que yo ya ni duermo.
He traído del campo estas flores que ayer
arrancaron mis manos con ansias por ti,
porque quiero mirarte contenta, mujer,
y mostrarte que yo moriría por ti.
Si un intérprete fueras, entonces
sentirías igual que yo siento,
un amor tan extraño y tan dulce,
que al no realizarse sería un infierno.
Asoma tu carita y no me hagas más sufrir,
te lo pido por lo que más quieras, mi amor
si al no verte sería capaz de morir
de cariño quizá o de extraño dolor.
Los culpables han sido tus ojos
y tus labios los cómplices fueron,
que me tienen igual que a un esclavo
y soy si se quiere tu fiel prisionero.
Música: Pedro Maffia
Letra: Homero Manzi
Llega el viento del recuerdo aquel
al rincón de mi abandono
y entre el polvo muerto del ayer
también volvió tu querer.
Yo no sé si vivirás feliz
o si el mundo te ha vencido
viviendo sin querer vivir
buscás la paz de morir.
Duda de tu ausencia y de mi culpa
pena de tener que recordar
sueño del pasado que me acusa
manos que no quieren perdonar,
dolor amigo de estar con tu sombra
remordimiento de saberte buena
dolor lejano de oír que te nombran
las voces muertas que se obstinan en volver.
Ya no sueño que retornarás
al fracaso de mi vida
ni tampoco que en tu palpitar
tendré un afán para andar.
Sólo quiero que si estás también
en la cruz del abandono
sepas olvidarme en su perdón...
Total, mirá lo que soy.
Pena de tu ausencia sin retorno
pena de saber que no vendrás,
pena de escuchar en mi abandono
voces que me acusan al llegar.
Dolor amigo de estar con tu sombra
remordimiento de saberte buena
dolor lejano de oír que te nombran
las voces muertas del ayer feliz.
Música: Virgilio Expósito
Letra: Homero Expósito
(vals)
Ayer estaba recordando
tu casa... mi casa...
¡Portal donde la luna se aburrió esperando,
cedrón por donde el tiempo se perfuma
y pasa!
Y al ver que nos pusimos viejos
y estamos más solos,
siento un vals en tu piano llorar
y me pongo a pensar
si no llora de amor.
Era la era primera
que apaga la ojera
y enciende el rubor,
y una noche -¿te acuerdas?- un beso
debajo del cerezo
sellaba nuestro amor.
Pudo el amor ser un nudo
mas dudo que pudo
luchando vencer...
Una casa era pobre, otra rica...
Fácilmente se explica que
no pudo ser.
Así, por el recuerdo, lloro
tu casa... mi casa...
Tu amor, que está marchito en un estuche de oro
mi amor, que al fin -de darse- se quedó
sin brasas...
Y al ver que nos pusimos viejos
y todo fue en vano,
siento un vals en tu piano llorar
y me pongo a pensar
si no llora de amor.
Música: Roberto Díaz
Letra: C. Oreste
La querida viejecita se pasaba todo el día
pensativa y silenciosa recostada en el sillón;
blanco el rostro, el cabello y el batón que la vestía,
semejaba una escultura puesta en la melancolia
de un rincón del comedor.
Sus tres nietos, los risueños, tres alegres angelitos,
angelitos con la cara más esplendida que el sol;
ellos solos la rodeaban de placeres infinitos
cuando en torno de su silla la aturdian con sus gritos:
Abuelita, ¡qué horas son!
Todas, todas las mañanas al regreso de la escuela,
cuando el golpe acompasado se escuchaba del reloj,
los hermosos nietecitos con sus pasos de gacela
se acercaban, y de pronto preguntaban a la abuela: . . .
Abuelita, ¿qué horas son?
Y a la tarde y a la noche siempre el mismo movimiento,
siempre el mismo ruido hacian de la abuela en derredor
y la buena viejecita no ocultaba su contento
cada vez que los tres niños levantaban el acento: . . .
Abuelita, ¿qué horas son?
Hoy he visto a los tres niños que con luto en el vestido
se entregaban a sus juegos, a aquel juego repetido
y cantaban como antes... pero no escuchó mi oido: ...
Abuelita, ¿qué horas son?
Y apartándose de pronto el mayor de los hermanos,
acercóse al rinconcito del oscuro comedor...
Y al mirarlo tan vacío... tan igual a los arcanos,
al reloj alzó sus ojos y juntando las dos manos
sollozó junto al sillón.
Música: Alberto Laporte / Carlos Cabral
Letra: Eduardo Trongé
No tome más, abuelo, y deje el vino,
no tome más Tatita, es una pena,
que con la fiesta, abuelito, un vecino
vino a esta mesa alegrando nuestras penas.
No tome más y cuénteme esa historia,
del tiempo aquel en que su amor vivía,
que yo, esta vez, arrimándome a su silla
lo escucharé quietecito y sin hablar.
Y el pobre abuelo a mis ruegos
ocultando sus pesares,
me hizo sentar junto al fuego
y de este modo me habló:
Cierra la puerta, la luz apaga,
que con las sombra viene mi amor.
Esa que un día, hace ya tiempo,
vistió de luto mi corazón.
(recitado)
Si vieras vos qué criolla de ojos negros,
de altivo andar, risueña y juguetona,
de blanca tez, cariñosa y comadrona,
ah... clavel de amor florecido en mi recuerdo.
Si vieras vos con qué ansias la quería,
con cuánto amor hicimos nuestro nido...
Pero una noche, la mano del destino
se la llevó de mi lado junto a Dios.
Hoy que me vencen los años,
ya la muerte está en acecho;
viejo, venciodo y maltrecho,
siento que la quiero más.
Ya sabe, nieto, la cruel herida
que en esta vida supe ocultar.
Así, una noche triste y de duelo,
mi pobre abuelo me hizo llorar.
Música: Horacio Pettorossi
Letra: Juan Carlos Marambio Catán
Es media noche. El cabaret despierta.
Muchas mujeres, flores y champán.
Va a comenzar la eterna y triste fiesta
de los que viven al ritmo de un gotán.
Cuarenta años de vida me encadenan,
blanca la testa, viejo el corazón:
hoy puedo ya mirar con mucha pena
lo que otros tiempos miré con ilusión.
Las pobres milongas,
dopadas de besos,
me miran extrañas,
con curiosidad.
Ya no me conocen:
estoy solo y viejo,
no hay luz en mis ojos...
La vida se va...
Un viejo verde que gasta su dinero
emborrachando a Lulú con el champán
hoy le negó el aumento a un pobre obrero
que le pidió un pedazo más de pan.
Aquella pobre mujer que vende flores
y fue en mi tiempo la reina de Montmartre
me ofrece, con sonrisa, unas violetas
para que alegren, tal vez, mi soledad.
Y pienso en la vida:
las madres que sufren,
los hijos que vagan
sin techo ni pan,
vendiendo "La Prensa",
ganando dos guitas...
¡Qué triste es todo esto!
¡Quisiera llorar!
Música: Juan Carlos Ghio / Ramón Montes
Letra: Juan Carlos Ghio / Ramón Montes
Son tus ojos,
Adelina,
tan negros como mi suerte
y en tu rostro se ve dibujada
toda tu hermosura.
Es tu acento, también adornado
de luz y ternura;
sos la imagen pura,
que robó la calma
de mi corazón.
Contemplarte siempre
es mi único anhelo,
una mirada tuya
es mi alegría.
Estando lejos de ti
me moriría de pena
y de dolor.
Yo comprendo demasiado
que tu amor me es imposible;
también comprendo
que de tu corazón
jamás seré dueño.
Pero es tanto mi cariño
que tu imagen veo, y te sueño
y así me despierto creyéndote mía
¡qué dicha sería
ser tu admirador!
Música: Astor Piáosla
Letra Eladia Blázquez
Desde una estrella
al titilar...
Me hará señales de acudir,
por una luz de eternidad
cuando me llame, voy a ir.
A preguntarle, por ese niño
que con su muerte, lo perdí,
que con "Nonino" se me fue...
Cuando me diga, ven aquí...
Renaceré... Porque...
¡Soy...! la raíz, del país
que amasó con su arcilla.
¡Soy...! Sangre y piel, del "tano" aquel,
que me dio su semilla.
Adiós "Nonino".. que largo sin vos,
será el camino.
¡Dolor, tristeza, la mesa y el pan...!
Y mi adiós.. ¡Ay! Mi adiós,
a tu amor, tu tabaco, tu vino.
¿Quién..? Sin piedad, me robó la mitad,
al llevarte "Nonino"...
Tal vez un día, yo también mirando atrás...
Como vos, diga adiós ¡No va más..!
Recitado:
Y hoy mi viejo "Nonino" es una planta.
Es la luz, es el viento y es el río...
Este torrente mío lo suplanta,
prolongando en mi ser, su desafío.
Me sucedo en su sangre, lo adivino.
Y presiento en mi voz, su propio eco.
Esta voz que una vez, me sonó a hueco
cuando le dije adiós Adiós "Nonino".
¡Soy...! La raíz, del país
que amasó con su arcilla...
¡Soy...! Sangre y piel,
del "tano" aquel,
que me dio su semilla.
Adiós "Nonino"... Dejaste tu sol,
en mi destino.
Tu ardor sin miedo, tu credo de amor.
Y ese afán... ¡Ay...! Tu afán
por sembrar de esperanza el camino.
Soy tu panal y esta gota de sal,
que hoy te llora "Nonino".
Tal vez el día que se corte mi piolín,
te veré y sabré... Que no hay fin.
Música: Luis Eduardo Etchegoncelay
Letra: Héctor Sapelli
Adiós corazón...
te decían los muchachos.
Adiós corazón...
aquel día dije yo.
Y comenzaste a sonreir
porque la frase te agradó
y por las calles te seguí
diciendo así, con emoción:
Adiós corazón...
si usted quiere conversamos;
soñé con su amor...
quiero ver qué hay de verdad.
Y mi presencia te turbó:
quedaste casi sin hablar
cuando dijiste con tu adiós:
¡Hasta mañana, corazón!
Adiós corazón...
de tu mano va otra mano.
Adiós corazón...
quién pudiera ser tu amor.
¡Que nunca tengas que llorar!
¡Que no conozcas el dolor!
Y que en tus ojos, el amor,
viva radiante como hoy.
Adiós corazón...
si usted quiere conversamos;
soñé con su amor...
quiero ver qué hay de verdad.
Y mi presencia te turbó:
quedaste casi sin hablar
cuando dijiste con tu adiós:
¡Hasta mañana, corazón!
Música: Julio César Sanders
Letra: César Vedani
Adiós, muchachos, compañeros de mi vida,
barra querida de aquellos tiempos.
Me toca a mí hoy emprender la retirada,
debo alejarme de mi buena muchachada.
Adiós, muchachos. Ya me voy y me resigno...
Contra el destino nadie la talla...
Se terminaron para mí todas las farras,
mi cuerpo enfermo no resiste más...
Acuden a mi mente
recuerdos de otros tiempos,
de los bellos momentos
que antaño disfruté
cerquita de mi madre,
santa viejita,
y de mi noviecita
que tanto idolatré...
¿Se acuerdan que era hermosa,
más bella que una diosa
y que ebrio yo de amor,
le di mi corazón,
mas el Señor, celoso
de sus encantos,
hundiéndome en el llanto
me la llevó?
Es Dios el juez supremo.
No hay quien se le resista.
Ya estoy acostumbrado
su ley a respetar,
pues mi vida deshizo
con sus mandatos
al robarme a mi madre
y a mi novia también.
Dos lágrimas sinceras
derramo en mi partida
por la barra querida
que nunca me olvidó
y al darles, mis amigos,
mi adiós postrero,
les doy con toda mi alma
mi bendición...
Música: Francisco Canaro / Mariano Mores
Letra: Ivo Pelay
¡Adiós pampa mía!...
Me voy... Me voy a tierras extrañas
adiós, caminos que he recorrido,
ríos, montes y cañadas,
tapera donde he nacido.
Si no volvemos a vernos,
tierra querida,
quiero que sepas
que al irme dejo la vida.
¡Adiós!...
Al dejarte, pampa mía,
ojos y alma se me llenan
con el verde de tus pastos
y el temblor de las estrellas...
Con el canto de tus vientos
y el sollozar de vihuelas
que me alegraron a veces,
y otras me hicieron llorar.
¡Adiós pampa mía!...
Me voy camino de la esperanza.
Adiós, llanuras que he galopado,
sendas, lomas y quebradas,
lugares donde he soñado.
Yo he de volver a tu suelo,
cuando presienta
que mi alma escapa
como paloma hasta el cielo...
¡Adiós!...
¡Me voy, pampa mía!...
¡Adiós!...
Música: Atilio Stampone
Letra: Homero Expósito
Cruel en el cartel,
la propaganda manda cruel en el cartel,
y en el fetiche de un afiche de papel
se vende la ilusión,
se rifa el corazón...
Y apareces tú
vendiendo el último jirón de juventud,
cargándome otra vez la cruz.
¡Cruel en el cartel, te ríes, corazón!
¡Dan ganas de balearse en un rincón!
Ya da la noche a la cancel
su piel de ojera...
Ya moja el aire su pincel
y hace con él la primavera...
¿Pero qué?
si están tus cosas pero tú no estás,
porque eres algo para todos,
como un desnudo de vidriera...
¡Luché a tu lado, para ti,
por Dios, y te perdí!
Yo te di un hogar...
¡Siempre fui pobre, pero yo te di un hogar!
Se me gastaron las sonrisas de luchar,
luchando para ti,
sangrando para ti...
Luego la verdad,
que es restregarse con arena el paladar
y ahogarse sin poder gritar.
Yo te di un hogar...
-¡fue culpa del amor!-
¡Dan ganas de balearse en un rincón!
Música: Francisco Pracánico
Letra: Emilio Magaldi
(ranchera)
Mendigo errante,
camino siempre
y soy constante
más que valiente;
habrá ilusiones
en mi camino
peroo el destino
me grita siempre.
Afilador,
para tu cariño hallar,
dale que dale a la piedra,
que con tantas chispas
ya la encontrarás.
Afilador,
no abandones tu pedal,
que girando en tantas vueltas
desde alguna puerta
ya te llamarán...
Yo busco una prenda
para compañera
y si es que la encuentro
le juro quererla;
entonces mi vida
sería más bella,
porque ya no puedo
vivir sin amor.
Pero es difícil
sacar partido;
aunque he querido
buscar amores,
que saquen fuego,
como es el fuego
no valen piedras
de corazones.
Música: Ramón Collazo
Letra: Fernán Silva Valdés
Agua florida, vos eras criolla.
Te usaban las pobres violetas del fango
de peinados lisos, como agua’e laguna,
cuando se bailaba alegrando el tango
con un taconeo y una media luna.
Perfume del tiempo taura que pasó,
pues todo en la vida ha de ser así,
cuando las percantas mentían que no
mientras las enaguas batían que sí.
Chinas
sencillas y querendonas,
que al son de las acordeonas
bailaban un milongón.
Chinas
que oliendo a agua florida
se metían en la vida
a punta de corazón.
Agua florida vos eras criolla.
De cuando una viola tocaba de prima
y otras las cuarteaban dando a las bordonas,
y un ramo de taitas era cada esquina
y la vida era linda y guapetona.
Vos eras del tiempo del gacho ladeao,
de la mina airosa anclada al bulín,
del lazo en el pelo, del percal floreao
y de la academia y el peringundín.
Música: Edmundo Rivero
Letra: Eduardo Giorlandini
La laburó de guapo, piolamente,
y la milonguera, su caro berretín,
ñapada postamente en su bulín,
rejunó cayetana el expediente.
Era una naifa piya y cadenera
que andaba con la yuta cabreiroa;
con prontuario a la gurda, sobradora,
y una pintusa de percanta buena.
Él, que había sido un liso bien cheronca,
un caferata de tapín y escuela,
perdió su cancha laburando, ¡oi’dioca!,
de colchonero y refilando tela.
Tanto amó el longipietro a la taquera
que aguantiñó, cabrero,
que la barra nochera lo llamara,
por pamela y por merlo mishé,
Aguja Brava.
Y así terminó un piola, Aguja Brava,
que por amor quedó cardando lana.
Antes, sacaba tela de las minas
y ahora le hace colchones a la cana.
Música: Armando Baliotti
Letra: Carlos Giampetruzzi (Giampé)
Te perdiste del rincón natal
tras un sueño de distancia,
sin pensar que allá quedaban
los seres que te amaban
y yo con mi inconstancia.
Agonía de vivir sin vos
o morir en un camino.
Y me marché dejando atrás
la maldición sobre los dos
y este es el pago que me das.
Ahora no me conocés,
me borró tu ingratitud.
Aunque dejes mi alma trunca
no podrás olvidar nunca
lo de nuestra juventud.
Algún día llorarás,
todo el daño que me hacés.
Te busqué sin darme paz,
por cariño, nada más
y ahora, no me conocés.
No se juega con un corazón,
como vos lo haces conmigo.
No pongas el gesto huraño,
buscarte fue mi engaño
y hallarte, mi castigo.
Yo no sé como podés fingir
este asombro en mi presencia,
yo que soñaba esta ocasión,
te vi pasar, te oí reír
y se hizo trizas mi ilusión.
Música: Juan Canaro
Letra: Osvaldo Sosa Cordero
Con llanto ‘e bandoneón
sangraba un corazón...
Y su lamento
rodó en la noche
con un derroche
de sentimiento...
Del fuelle al rezongar
se puso así a cantar:
Huérfano y triste,
sin tu cariño,
igual que un niño
m’echo a llorar...
Tiempo que pasó
dulce ayer.
¿Quién me arrebató
tus caricias, mujer?
Hoy, al verme así,
tras aquel soñar,
triste es mi despertar.
Jamás podré olvidar
cuando te vi cruzar
por mi camino,
triunfante y bella,
la tarde aquella
en que el destino
nos enfrentó a los dos.
Y, de una dicha en pos,
hallé en la gloria
de tus pupilas
dulces, tranquilas,
un don de Dios.
Música: Alberto Suárez Villanueva
Letra: Oscar Rubens
Dejate de locuras, muchacho,
pensá bien lo que haces.
Me han dicho que te han visto borracho
Llorando por una mujer...
¡Como el dolor te ha cambiado,
que ya no sos el de ayer!
Volvé pa’ la milonga,
que un fuelle rezonga
como llamándote.
Al compás de un tango
la habrás de olvidar,
con una pebeta
que sepa bailar,
una piba buena
que, al mirar tus ojos,
comprenda la pena
de tu corazón.
Al compás de un tango
habrás de encontrar
a esa mujercita
sincera y leal,
y veras, un día,
lleno de alegría
a la que lloraste
ni recordarás.
Dejate de locuras, muchacho,
tenés que reaccionar.
El hombre debe ser de quebracho
pa’ resistir el mal.
Si esa mujer te ha hecho daño
perderla ha sido mejor.
Volvé pa’ la milonga,
que un fuelle rezonga,
pa’ darte más valor.
Música: Domingo Federico
Letra: Homero Expósito
Late un corazón,
déjalo latir...
Miente mi soñar,
déjame mentir...
Late un corazón
porque he de verte
nuevamente,
miente mi soñar
porque regresas lentamente.
Late un corazón...
me parece verte regresar con el adiós.
Y al volver gritarás tu horror,
el ayer, el dolor, la nostalgia,
pero al fin bajarás la voz
y atarás tu ansiedad de distancias.
Y sabrás por qué late un corazón
al decir... ¡Qué feliz!...
Y un compás, y un compás de amor
unirá para siempre el adiós.
Ya verás, amor,
qué feliz serás...
¿Oyes el compás?
Es el corazón.
Ya verás qué dulces
son las horas del regreso,
ya verás qué dulces los reproches y los besos.
Ya verás, amor,
qué felices horas al compás del corazón.
Música: José María Aguilar
Letra: Enrique Cadícamo
Todo el mundo está en la estufa,
Triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao...
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!
Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín.
Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín.
Hoy se vive de prepo
y se duerme apurao.
Y la chiva hasta a Cristo
se la han afeitao...
Hoy se lleva a empeñar
al amigo más fiel,
nadie invita a morfar...
todo el mundo en el riel.
Al mundo le falta un tornillo
que venga un mecánico...
¿Pa’ qué, che viejo?
Pa’ ver si lo puede arreglar.
¿Qué sucede?... ¡mama mía!
Se cayó la estantería
o San Pedro abrió el portón.
La creación anda a las piñas
y de pura arrebatiña
apoliya sin colchón.
El ladrón es hoy decente
a la fuerza se ha hecho gente,
va no encuentra a quién robar.
Y el honrao se ha vuelto chorro
porque en su fiebre de ahorro
él se “afana” por guardar.
Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico.
pa’ ver si lo puede arreglar.
Música: Enrique Delfino
Letra: Mario Battistella
Declaran la huelga,
hay hambre en las casas,
es mucho el trabajo
y poco el jornal;
y en ese entrevero
de lucha sangrienta,
se venga de un hombre
la Ley Patronal.
Los viejos no saben
que lo condenaron,
pues miente, piadosa,
su pobre mujer.
Quizás un milagro
le lleve el indulto
y vuelva en su casa
la dicha de ayer.
Mientras tanto,
al pie de la santa Cruz,
una anciana desolada
llorando implora a Jesús:
”Por tus llagas que son santas,
por mi pena y mi dolor,
ten piedad de nuestro hijo,
¡Protégelo, Señor¡”
Y el anciano,
que no sabe ya rezar,
con acento tembloroso
también protesta a la par:
”¿Qué mal te hicimos nosotros
pa’ darnos tanto dolor?”
Y, a su vez, dice la anciana:
”¡Protégelo, Señor!...”
Los pies engrillados,
cruzó la planchada.
La esposa lo mira,
quisiera gritar...
Y el pibe inocente
que lleva en los brazos
le dice llorando:
”¡Yo quiero a papá¡”
Largaron amarras
y el último cabo
vibró, al desprenderse,
en todo su ser.
Se pierde de vista
la nave maldita
y cae desmayada
la pobre mujer...
Música: Joaquín Mora
Letra: José María Contursi
Ayer al verla pasar me convencí
que no es posible volver y comprendí
que todo se ha terminado,
que somos sombras de aquel pasado.
Con cuánta pena miré lo que creí
sería mi salvación... ¡Pobre de mí!
Y en esa duda terrible
de hablarla o no hablarla
mis pasos volví...
Pobrecita,
¡qué vieja y pálida estaba!
Sin brillo
sus negros ojos miraban...
La vida
quiso ensañarse con ella...
¡Pensar que fue tan bella
y que hoy el mundo la olvida!
Si supiera
que yo también he cambiado,
que tengo
el corazón destrozado,
que a veces
hasta en matarme he pensado,
pues todo, todo, todo
ha muerto ya para mí...
Después temblando me fui de aquel lugar
con unas ansias tan grandes de llorar...
Enloquecido de pena,
frío en el alma,
hielo en las venas...
Y anduve, así, sin saber adónde ir,
sintiendo risas y burlas junto a mí. . .
Y hoy, al saberme perdido,
sin fuerzas, vencido,
no puedo vivir...
Música: Astor Piazzolla
Letra: Jorge Luis Borges
Tango que he visto bailar
contra un ocaso amarillo
por quienes eran capaces
de otro baile, el del cuchillo.
Tango de aquel Maldonado
con menos agua que barro,
tango silbado al pasar
desde el pescante del carro.
Despreocupado y zafado,
siempre mirabas de frente.
Tango que fuiste la dicha
de ser hombre y ser valiente.
Tango que fuiste feliz,
como yo también lo he sido,
según me cuenta el recuerdo;
el recuerdo fue el olvido.
Desde ese ayer, ¡cuántas cosas
a los dos nos han pasado!
Las partidas y el pesar
de amar y no ser amado.
Yo habré muerto y seguirás
orillando nuestra vida.
Buenos Aires no te olvida,
tango que fuiste y serás.
Música: Enrique Santos Discépolo
Letra: Enrique Santos Discépolo / Luis César Amadori
Yo me burlé de vos
porque no te entendí
ni comprendí tu dolor.
Tuve la sensación
de que tu canto cruel
lo habías robao, bandoneón...
Recién comprendo bien
la desesperación
que te revuelve al gemir
¡Sos una oruga que quiso
ser mariposa antes de morir!
Fue tu voz,
bandoneón,
la que me confió
el dolor
del fracaso
que hay en tu gemir;
voz que es fondo
de la vida oscura
y sin perdón,
del que soñó volar
y arrastra su ilusión
llorándola...
Igual que vos soñé...
Igual que vos viví
sin alcanzar mi ambición.
Alma de bandoneón
-alma que arrastro en mí-
voz de desdicha y de amor,
te buscaré al morir,
te llamaré en mi adiós,
para pedirte perdón,
y al apretarte en mis brazos,
darte en pedazos
mi corazón.
Música: Roberto Firpo
Letra: Juan Andrés Caruso
Peregrino y soñador,
cantar
quiero mi fantasía
y la loca poesía
que hay en mi corazón,
y lleno de amor y de alegría,
volcaré mi canción.
Siempre sentí
la dulce ilusión,
de estar viviendo
mi pasión.
Si es que vivo lo que sueño,
yo sueño todo lo que canto,
por eso mi encanto
es el amor.
Mi pobre alma de bohemio
quiere acariciar
y como una flor
perfumar.
Y en mis noches de dolor,
a hablar
me voy con las estrellas
y las cosas más bellas,
despierto he de soñar,
porque le confío a ellas
toda mi sed de amar.
Siempre sentí
la dulce ilusión,
de estar viviendo
mi pasión.
Yo busco en los ojos celestes
y renegridas cabelleras,
pasiones sinceras,
dulce emoción.
Y en mi triste vida errante
llena de ilusión,
quiero dar todo
mi corazón.
Música: Guillermo Cavazza
Letra: Jacinto Font
Milonguera, bullanguera, que la va de alma
de loca,
la que con su risa alegre, vibrar hace el cabaret,
la que lleva la alegría en los ojos y en la boca,
la que siempre fue la reina de la farra y del placer.
Todo el mundo te conoce de alocada y jaranera,
todo el mundo dudaría lo que yo puedo jurar:
que te he visto la otra noche parada ante una vidriera
contemplando a una muñeca con deseos de llorar.
Te pregunté qué tenías y me respondiste: nada...
pero advertí al verte tan turbada
que era tu intento ocultarme la verdad.
La sonrisa que tus labios dibujaban quedó helada
y una imprevista lágrima traidora
como una perla de tus ojos fue a rodar.
Quién creyera, milonguera, vos que siempre te reíste,
y que siempre te burlaste de la pena y del dolor,
ibas a mostrar la hilacha poniéndote seria y triste
ante una pobre muñeca modestita, y sin valor.
Yo te guardaré el secreto, no te aflijas, milonguita,
por mí nunca sabrá nadie que has dejado de reír,
y no vuelvas a mirar a la pobre muñequita
que te recuerda una vida que ya no puedes vivir.
Ríe siempre, milonguera, bullanguera, casquivana
para qué quieres amargar tu vida
pensando en esas cosas que no pueden ser.
Corre un velo a tu pasado, sé milonga, sé mundana,
para que así los hombres no descubran
tus amarguras, tus tristezas de mujer.
Música: Anselmo Aieta
Letra: Francisco García Jiménez
Aún el tiempo no logró
llevar su recuerdo,
borrar las ternuras
que guardan escritas
sus cartas marchitas
que tantas lecturas
con llanto desteñí...
¡Ella sí que me olvidó!...
Y hoy frente a su puerta
la oigo contenta,
percibo sus risas
y escucho que a otro
le dice las mismas
mentiras que a mí...
Alma... que en pena vas errando,
acércate a su puerta
suplícale llorando:
Oye... perdona si te pido
mendrugos del olvido
que alegre te hace ser...
¡Tú me enseñaste a querer y he sabido!
Y haberlo aprendido
de amores me mata...
Y yo que voy aprendiendo hasta a odiarte,
tan sólo a olvidarte
no puedo aprender.
Esa voz que vuelvo a oír,
un día fue mía,
y hoy de ella es apenas
el eco el que alumbra
mi pobre alma en pena,
que cae moribunda
al pie de su balcón...
Esa voz que maldecí,
hoy oigo que a otro
promete la gloria,
y cierro los ojos,
y es una limosna
de amor, que recojo
con mi corazón.
Música: Diego Centeno
Letra: Héctor Marcó
(vals)
Alma mía, ¿con quién soñás?
He venido a turbar tu paz.
No me culpes, soy un cantor
que ha querido mezclar a tu sueño
un verso porteño borracho de amor.
Si despiertas, no maldigas
llego aquí porque te adoro,
porque sufro, porque imploro,
porque quiero que me digas,
si es verdad que cuando sueñas
me acarician tus amores.
Mariposa, tus colores
me han robado el corazón.
Deja el lecho cándida flor
que en tu reja ronda el amor.
Abre niña tu ventanal
que con rayos de luna risueña
la noche porteña te quiere besar.
Duerme el ave, allá en su nido,
solo rondo yo en la calma
por saber si tienes alma,
oh mujer, que me has vencido.
Despierta si estás dormida
que por ti, mi dulce dueña,
mientras Buenos Aires sueña,
yo agonizo en tu balcón.
Música: Vicente San Lorenzo
Letra: Iván Diez
Cómo recuerdo, barrio querido,
aquellos tiempos de mi niñez...
Eres el sitio donde he nacido
y eres la cuna de mi honradez.
Barrio del alma, fue por tus calles
donde he gozado mi juventud.
Noches de amor viví,
con tierno afán soñé
y entre tus flores
también lloré...
¡Qué triste es recordar!
Me duele el corazón...
Almagro mío,
¡qué enfermo estoy!
Almagro, Almagro de mi vida,
tú fuiste el alma de mis sueños...
Cuántas noches de luna y de fe,
a tu amparo yo supe querer...
Almagro, gloria de los guapos,
lugar de idilios y poesía,
mi cabeza la nieve cubrió;
ya se fue mi alegría
como un rayo de sol.
El tiempo ingrato dobló mi espalda
y a mi sonrisa le dio frialdad...
Ya soy un viejo, soy una carga,
con muchas dudas y soledad.
Almagro mío, todo ha pasado;
quedan cenizas de lo que fue...
Amante espiritual
de tu querer sin fin,
donde he nacido
he de morir.
Almagro, dulce hogar,
te dejo el corazón
como un recuerdo de mi pasión.
Música: Edmundo Rivero
Letra: Iván Diez
(milonga)
La encontró en el bulín y en otros
brazos...
Sin embargo, canchero y sin cabrearse,
le dijo al gavilán: “Puede rajarse;
el hombre no es culpable en estos casos.”
Y al encontarse solo con la mina,
pidió las zapatillas y ya listo,
le dijo cual si nada hubiera visto:
”Cebame un par de mates, Catalina.”
La mina, jaboneada, le hizo caso
y el varón, saboreándose un buen faso,
la siguió chamuyando de pavadas...
Y luego, besuqueándole la frente,
con gran tranquilidad, amablemente,
le fajó treinta y cuatro puñaladas.
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
Me persigue implacable
su boca que reía,
acecha mis insomnios
ese recuerdo cruel,
mis propios ojos vieron
cómo ella le ofrecía
el beso de sus labios
rojos como un clavel.
Un viento de locura
atravesó mi mente,
deshecho de amargura
yo me quise vengar,
mis manos se crisparon,
mi pecho las contuvo,
su boca que reía
yo no pude matar.
Fue su amor de un día
toda mi fortuna,
conté mi alegría
a los campos y a la luna.
Por quererla tanto,
por confiar en ella,
hoy hay en mi huella
sólo llanto y mi dolor.
Doliente y abatido
mi vieja herida sangra.
Bebamos otro trago
que yo quiero olvidar,
pero estas penas hondas
de amor y desengaño
como las yerbas malas
son duras de arrancar.
Del fondo de mi copa
su imagen me obsesiona,
es como una condena
su risa siempre igual,
coqueta y despiadada
su boca me encadena,
se burla hasta la muerte
la ingrata en el cristal.
Música: Carlos Marchisio
Letra: Carmelo Santiago
Vago como sombra atormentada
bajo el gris de la recova,
me contemplo y no soy nada...
Soy como mi lancha carbonera
que ha quedado recalada,
bien atada a la ribera.
Yo también atado a mi pasado
soy un barco que está anclado
y siento en mi carne sus amarras
como garfios, como garras.
Lloro aquellos días
que jamás han de volver;
sueño aquellos besos
que ya nunca he de tener,
soy como mi lancha carbonera
que ha quedado en la ribera,
¡sin partir más!
Aquellos besos que perdí
al presentir que no me amaba,
fueron tormentas de dolor
llenas de horror.
¡Hoy no soy nada!
Yo sólo sé que pené,
que caí y que rodé
al abismo del fracaso...
Yo sólo sé que tu adiós,
en la burla del dolor,
me acompaña paso a paso.
Ahora que sé que no vendrás,
vago sin fin por la recova,
busco valor para partir;
para alejarme... y así
matando mi obsesión,
lejos de ti, poder morir.
Pero vivo atado a mi pasado,
tu recuerdo me encadena,
soy un barco que está anclado.
Sé que únicamente con la muerte
cesarán mis amarguras;
cambiará mi mala suerte.
Vago con la atroz melancolía
de una noche gris y fría;
y siento en mi carne sus amarras
como garfios, como garras.
Nada me consuela en esta cruel desolación.
Solo voy marchando con mi pobre corazón.
Soy como mi lancha carbonera,
que ha quedado en la ribera,
sin partir más.
Música: Hugo Gutiérrez
Letra: Hugo Gutiérrez
En la vida tenemos mil cosas
que son grandes, sublimes y hermosas,
que ennoblecen y alegran el alma
alentándonos el corazón.
Pero hay una, sutil y suprema,
que nos llega tranquila y serena,
es hombría y lealtad,
sentimiento y bondad,
es sublime, se llama amistad.
Amigos que yo quiero
escuchen este tango,
que lleva entre sus notas
un apretón de manos.
Fue escrito con el alma
pensando en la amistad
con lágrimas lo canto
por lo que ya no están.
Alcemos nuestras copas,
aquí en el viejo bar,
que mientras haya amigos
dan ganas de cantar.
La existencia si es negra condena,
con amigos parece verbena,
sin amigos no vale la pena
esta vida llena de dolor.
Los amigos igual que poetas
tienen hondas ternuras secretas,
acerquémonos más a la noble amistad
que nos llena de fe y de bondad.
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera / Mario Battistella
(vals)
Hoy un juramento,
mañana una traición,
amores de estudiante
flores de un día son.
En unos labios ardientes
dejar una promesa
apasionadamente.
Quiero calmar los enojos
de aquellos claros ojos
siempre mintiendo amor.
Por un mirar que ruega
perder la quietud.
Mujercitas sonrientes
que juran virtud.
Es una boca loca
la que hoy me provoca.
Hay un collar de amores
en mi juventud.
Fantasmas del pasado,
perfumes de ayer,
que evocaré doliente
planteando mi sien.
Bandadas de recuerdos
de un tiempo querido,
lejano y florido
que no olvidaré.
Hoy un juramento,
mañana una traición,
amores de estudiante
flores de un día son.
Música: Enrique Delfino
Letra: Pascual Contursi
Esas minas veteranas
que nunca la protestaban,
sin morfar se conformaban
aunque picara el buyón;
viviendo así en un cotorro,
pasando vida fulera,
con una pobre catrera
que le faltaba el colchón.
Cuántas veces el mate amargo
al estómago engrupía,
y pasaban muchos días
sin que hubiera pa’ morfar;
la catrera era el consuelo
de esos ratos de amargura,
que a causa e’ la mishiadura
se tenían que pasar.
Ya no existen esas minas
que sólo se conformaban
con lo que’l amigo les daba
siendo amigo de verdá;
hoy sólo quieren vestidos
y riquísimas alhajas,
coche de capota baja
pa’ pasear por la ciudá.
Música: Pedro Maffia / Pedro Laurenz
Letra: José De Grandis
Campaneo a mi catrera y la encuentro
desolada.
Sólo tengo de recuerdo el cuadrito que está ahí,
pilchas viejas, una flores y mi alma atormentada...
Eso es todo lo que queda desde que se fue de aquí.
Una tarde más tristona que la pena que me aqueja
arregló su bagayito y amurado me dejó.
No le dije una palabra, ni un reproche, ni una queja...
La miré que se alejaba y pensé:
¡Todo acabó!
¡Si me viera! ¡Estoy tan viejo!
¡Tengo blanca la cabeza!
¿Será acaso la tristeza
de mi negra soledad?
Debe ser, porque me cruzan
tan fuleros berretines
que voy por los cafetines
a buscar felicidad.
Bulincito que conoces mis amargas desventuras,
no te extrañe que hable solo. ¡Que es tan grande mi dolor!
Si me faltan sus caricias, sus consuelos, sus ternuras,
¿qué me quedará a mis años, si mi vida está en su amor?
¡Cuántas noches voy vagando angustiado, silencioso
recordando mi pasado, con mi amiga la ilusión!...
Voy en curda... No lo niego que será muy vergonzoso,
¡pero llevo más en curda a mi pobre corazón!
Música: Guillermo Barbieri
Letra: Enrique Cadícamo
Tirao por la vida de errante bohemio
estoy, Buenos Aires, anclao en París.
Cubierto de males, bandeado de apremio,
te evoco desde este lejano país.
Contemplo la nieve que cae blandamente
desde mi ventana, que da al bulevar
las luces rojizas, con tono muriente,
parecen pupilas de extraño mirar.
Lejano Buenos Aires ¡qué lindo que has de estar!
Ya van para diez años que me viste zarpar...
Aquí, en este Montmartre, fobourg sentimental,
yo siento que el recuerdo me clava su puñal.
¡Cómo habrá cambiado tu calle Corrientes..!
¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal..!
Alguien me ha contado que estás floreciente
y un juego de calles se da en diagonal...
¡No sabes las ganas que tengo de verte!
Aquí estoy varado, sin plata y sin fe...
¡Quién sabe una noche me encane la muerte
y, chau Buenos Aires, no te vuelva a ver!
Música: Armando Pontier
Letra: Cátulo Castillo
Anoche, mi amor,
anoche... te vi
pasar, sin dolor, con otro querer,
y ser feliz.
Tras ese escaparate de cristal,
¡dorada de metal
y rubia!...
¡Tu coche que pasó me salpicó
su noche de fangal y lluvia!
Anoche, mi amor,
anoche... te vi.
¡Qué pálida tenés la tez marfil
por más que esté a tus pies
la vida vil!
¡Envuelto en su visón me presintió
temblando de ansiedad, tu corazón!...
Yo estaba en el cordón,
¡desesperado! ...
Nublada la razón,
¡deshilachado! ...
¡Qué pálida tenés tu tez marfil!
¡Qué extraña y qué febril tu palidez!
Anoche, tal vez,
anoche, mi bien,
recién comprendí
tu mal, y lo que es
vivir, morir,
mintiendo la ilusión que claudicó
¡vendiéndote a un visón y a un coche!
Llorando por la noche en un rincón,
cuando habla al corazón la noche...
Anoche, mi amor,
anoche... te vi.
Música: Raúl de los Hoyos
Letra: Roberto Lino Cayol
Por fin has logrado, mujer de la calle
que un hombre decente se pierda por vos,
que hiera en su carne con odio asesino
quien un calabozo jamás conoció.
Mientras trabajaba de noche en la imprenta,
para que tuvieses el pan que te di,
vos hasta olvidando que tienes un hijo
mi nombre y el tuyo manchabas así...
¡Gata!, con un arañazo
pagas mi amor, inconsciente,
no merecés ni el balazo
que un hombre decente
te acaba de dar.
Y hoy, cuando el llanto te ahoga,
no es que estés arrepentida,
es al pensar que la herida
tu cuerpo de loca
te puede estropear.
Pero el precio de tu hazaña
lo pagarás algún día.
Yo estaba tranquila sentada en mi mesa,
hace unos instantes en ese café,
y un hombre de pronto allí se me acerca,
afuera me llama y salgo tras él...
Sin mediar palabra, sacando un revólver,
un tiro en el brazo cobarde me dio,
y ese caballero vio huir al canalla
y en ayuda mía, valiente acudió...
¡Mientes!, yo soy quien la ha herido.
¡Mientes!, no quieras salvarme,
solo el culpable yo he sido
y voy a entregarme, señor oficial.
¡Llora! no borra tu nombre
ni tu mentira indulgente
todo el dolor y el quebranto
que a un hombre decente
le has hecho pasar.
Música: Eduardo Marvezzi
Letra: Eduardo Marvezzi
Antiguo reloj de cobre
que vas marcando el tiempo
los pasajes de mi vida
que me llenan de emoción.
Fuiste orgullo de mi viejo,
te lucía en su cadena
como un puente levadizo
delante del corazón.
Cuantas veces calmó el llanto
de consentido purrete,
mi madre como un juguete,
decía prestárselo...
y mientras él murmuraba,
mi vieja se sonreía,
y contento me dormía
jugando con el reloj.
Hoy ya pasaron los años,
se me fue blanqueando el pelo,
el rebenque de la vida
me ha golpeado sin cesar.
Y en el banco prestamista
he llegado a formar fila
esperando que en la lista
me llamaran a cobrar.
”Perdóname, viejo,
si de vos me olvido,
sé que lo has querido
tanto como yo.
Sé que desde el cielo
me estás campaneando,
y que estás llorando
como lloro yo.”
Cuatro pesos sucios
por esa reliquia,
venganza del mundo
taimado y traidor.
Me mordí fuerte las manos,
el dinero me quemaba
y mientras que blasfemaba
a la calle enderecé;
y a la imagen de mi madre
vi que me compadecía
y llorando me decía:
”El viejo te perdonó”.
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera
(canción)
(Recitado)
Siga la huella, viejo buey,
no se me achique, vamos...
Quisiera ser golondrina,
quisiera ser golondrina
que vuela cortando el viento,
para ir ansioso y decirle
que es mío su juramento.
(Recitado)
Vamos, Picardía, ya vamos silbando.
Tarareo y silbado:
Me ofrece la mañanita,
me ofrece la mañanita
el perfume de sus flores,
pero mi criolla es más linda
y sus ojos son dos soles.
(Recitado)
Bueno, por hoy no hay más,
viejo buey,
ya estamos, shhhh.
Ajajá. Lindo nomás.
Música: Enrique Maciel
Letra: Ignacio Corsini
Dolor de ausencia en los ojos,
un sol radiante en su pelo,
romántico y soñador
era el cantor de mi pueblo.
Tenía una dulce tristeza
cuando evocaba cantando
el dolor de un amor muerto
o el alma de nuestro campo.
Pero una noche de invierno,
una noche sin estrellas,
quedó solo con su angustia,
al perder su compañera.
Desde entonces en silencio
oigo a través del recuerdo,
esta canción que gemía
aquel cantor de mi pueblo.
Sólo la desesperanza
anida en mi alma doliente,
ella se fue de mi vida,
yo voy con rumbo a la muerte.
Me acompañan en mi noche,
triste en la sombra callada,
mi amiga, la soledad,
y mi guitarra enlutada.
Nadie sabe de esta pena
que va desgarrando mi alma,
ya mi vida es vida muerta,
porque murió mi esperanza.
Fue la última canción
que en la noche se escuchó,
de aquel cantor de mi pueblo,
romántico y soñador.
Música: Enrique Delfino
Letra: Manuel Romero
Aquel tapado de armiño,
todo forrado en lamé,
que tu cuerpito abrigaba
al salir del cabaret.
Cuando pasaste a mi lado,
prendida a aquel gigoló,
aquel tapado de armiño
¡cuánta pena me causó!
¿Te acordás?, era el momento
culminante del cariño;
me encontraba yo sin vento,
vos amabas el armiño.
Cuántas veces tiritando,
los dos junto a la vidriera,
me decías suspirando:
¡Ay, amor, si vos pudieras!
Y yo con mil sacrificios
te lo pude al fin comprar,
mangué a amigos y usureros
y estuve un mes sin fumar.
Aquel tapado de armiño
todo forrado en lamé,
que tu cuerpito abrigaba
al salir del cabaret.
Me resultó, al fin y al cabo,
más durable que tu amor:
el tapado lo estoy pagando
y tu amor ya se apagó.
Música: Ramón Collazo
Letra: Carlos Lenzi
Pianté de Puente Alsina para Montmartre,
que todos me batían, pa m’engrupir:
”Tenés la pinta criolla p’acomodarte
con la franchuta vieja que va al dancing...
¿Qué hacés en Buenos Aires? ¡No seas otario!
Amurá esas milongas del Tabarís...
Con tres cortes de tango sos millonario...
¡Morocho y argentino! ¡Rey de París!”
¡Araca París!
¡Salute París!
Rajá de Montmartre,
piantate, infeliz.
Si vas a París
no vas a morfar:
no hay minas otarias
y hay que laburar.
Volvete p’al barrio
y tendrás milongas;
milongas diqueras
que saben amar.
¡Araca París!
¡Salute París!
Rajá de Montmartre;
piantate, infeliz.
Agarré tren de lujo, loco’e contento:
—bon soir, petite je t’aime, tu es mon cocó—
con una gorda tuerta con mucho vento
que no me dio ni medio y me amuró...
Tiré la bronca y, guapo, por darme corte,
un tortazo en la ñata se le incrustó:
comisaría, jueces y un pasaporte ...
y terminó mi historia de gigoló.
Música: Enrique Delfino
Letra: Alberto Vaccarezza
¡Araca, corazón... callate un poco
y escuchá, por favor, este chamuyo!
Si sabés que su amor es todo tuyo
y no hay motivos para hacerse el loco,
araca, corazón, callate un poco.
Así cantaba
un pobre punga
que a la gayola
por culpa de ella
fue a descansar,
mientras la paica
con sus donaires
por esas calles
de Buenos Aires
se echó a rodar.
Mas como todo se acaba en esta vida
una tarde salió de la prisión,
y al hallarla le dijo el pobre punga
”¡Volvé otra vez conmigo, por favorl”
”Volver no puedo”
dijo la paica…
”El amor mío
ya se acabó”.
Pasó una sombra,
cruzó un balazo,
cayó la paica
y una ambulancia
tranquilamente
se la llevó.
Y nuevamente en las horas de la noche,
cuando duerme tranquilo el pabellón,
desde la última celda